MARIO DE JESUS PATERNINA PAYARES
 
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MARIO DE JESUS PATERNINA PAYARES
 
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Naci el 19 de Noviembre de 1955, en Corozal (Sucre) Colombia. Realice estudio en la Universidad Santo Tomas, Licenciatura en Filosofia y Ciencias Religosas. Múscico de profesión, afiliado a ACINPRO.

ARTICULO ALFONSO HAMBURGER

CURA RETIRADO

Hijo de uno de los primeros acordeoneros que tuvo la sabana, Alcides José Paternina Gamarra, y hermano del consagrado acordeonero, dos veces Rey Sabanero y educador Felipe Paternina Payares, Mario Paternina dice que tiene vocación de cura. Estuvo en el seminario, estudió la Carrera de Filosofía con especialidad en Ciencias Religiosas, pero en la iglesia descubrió cierta confusión y terminó casándose a escondidas con la que fue su esposa, Eustorgia del Socorro Klebert Barreto, por eso hubo de salir de la iglesia y se fue detrás de su instrumento, la caja.

Hoy, retirado de la caja al menos en los conjuntos profesionales, tiene la satisfacción de ser considerado el cajero más bueno del país, el que más aportó a la modernización en el toque de este instrumento y quizás el más solicitado para asuntos de grabaciones musicales. Tiene, además, 8 hijos, cinco mujeres y tres varones (Glenda Lissette, Margarita María del Carmen, Marcela de Jesús, Mariana, Oscar David, Jorge Mario, Cristal del Mar y Leonardo David, dentro de las mujeres hay una que es adoptada. Sus gafas de intelectual, su risa picarona, mientras maneja su Monza Deportivo, negro, engallado, fondillo recortado, no denota al mejor cajero de Colombia (respeta en su estilo a su compadre Rodolfo castilla). Paternina no tiene la pinta del cajero aquel tradicional, de manos ásperas y pecho abultado que sonaba la caja con estrépito fiestero y que se anunciaba en todo el pueblo. No. Paternina no se siente cuando toca, pues sus manos se deslizan suaves por el parche y su golpeteo técnico, como si en vez de tocar manoseara los pezones de una muchacha le hace parir al instrumento sonidos antes no imaginados. Con sus manos finas, de apariencia frágiles, como el gaitero Juan Lara, tal parece que Paternina pasara los dedos por candela, para tenerlos tan briosos.

De los cajeros tradicionales respeta a un cajero a un percusionista Sampuesano, Olimpo Beltrán, de esos que le dan duro a la caja y se oyen desde lejos. También recuerda al Mocho, un cajero de estirpe, Sincelejano, que anduvo con los Corraleros de Majagual. De Carmelo Barraza, dice que es un ejemplo especial, pues éste fue el pionero del estilo, pero que se opacó un poco con Alfredo y perdió después –al salir del conjunto del rebelde- algo de agilidad en las manos.
ARTICULO POR ALFONSO HAMBURGER
MARIO PATERNINA PAYARES

UN CAJERO CON VOCACION DE CURA

Cuando Mario Paternina toca la caja no parece que la golpeara, sino que la sobara con ternura, con mimos y caricias, siempre llevando el ritmo preciso.

Por allí dicen que Mario, como cura que fue, no toca, sino que oficia en la caja, como cualquier sacerdote en el pulpito, cuando bendice la hostia.

Ese maridaje con un instrumento fundamental en un conjunto de acordeón, que él mismo fabrica del corazón de un campano, liviano, a su medida y condiciones, se patententiza en la suavidad de sus manos, bien cuidadas y sin callos.

En más de 20 años como cajero profesional de Alfredo Gutiérrez, de su hermano Felipe, de Lisandro mesa, de Otto Serge y Rafael Ricardo, de hacer conciertos con Jorge Oñate, Diomedes Díaz, con el Binomio de oro y muchas agrupaciones, Mario Paternina jamás crió callos en las manos, porque depuró una técnica que lo llevó a convertirse en el percusionista más asediado por los conjuntos vallenatos, especialmente para las grabaciones musicales. Mario ganó con este instrumento todos los festivales de acordeoneros que se realizan en el país, incluido el de Valledupar, donde triunfó en cuatro oportunidades como el mejor cajero; en el que se presentó con Felipe Paternina (su hermano), Alfredo Gutiérrez, El chane Mesa y Eliécer Ochoa.

En asunto de grabaciones cuando no iba Mario, pedían a Rodolfo castilla. No hay más cajeros como ellos.

Paternina llegó a tanto perfeccionamiento que le varió las voces a la caja. La llegó a tocar hasta con sus gafas (como miope que es); haciéndola sonar como un aguacero en una casa de zinc; como un caballo corriendo; como un caballo cojo; poniéndola a rebuznar como un burro; haciéndola chillar como una puerca paría; con los pies, con botellas, con llaveros; tocándola con las manos al revés; poniéndola con el parche en sentido contrario (boca abajo), mimada entre sus piernas. A veces le mamaba gallo a los técnicos de sonidos haciendo parecer con su caja que la amplificación tenía un daño, buscaban y no lo hallaban. Era Mario que tocaba como le daba la gana. Con estas imitaciones, estando con Alfredo Gutiérrez y con Lisandro Mesa, ganaron varios congos de oro en el Carnaval de Barranquilla.

A la edad de 46 años y radicado en su Corozal natal, Paternina lleva ya varios años retirado de los grandes conjuntos y de las corredurías, más no del instrumento, pues considera que hay una discriminación total del cantante y del acordeonero con relación al resto de integrantes de los conjuntos, es por ello que vuelve a su profesión de docente, en la cátedra de filosofía, ética y en valores morales, que combina con la interpretación de la caja y otros instrumentos, pero ya sin el ajetreo en un conjunto vallenato, donde a duras penas descansaba los Martes.

“El problema no es que vuelva, sino que no hay quien pague lo que vale el mejor del país”, dice, sin tapujos, con menos cuidado de los que le ponen a su instrumento, que no se maltrata ni lo maltrata.

 

ARTICULO ALFONSO HAMBURGER

COMO UN OFICINISTA

Como cualquier secretaria que se acomoda al frente de una máquina de escribir, Mario Paternina sabe, que hay algunos principios y técnicas para ser un buen cajero. La primera es contar con un buen instrumento, técnicamente bien construido. Los de él, los fabrica, de madera a liviana, pude ser corazón de cedro, por lo menos. La segunda es una buena posición del instrumento en sus manos e incrustado en las piernas, apretado por las corvas. A diferencia de quienes tratan de encocorar o empuñar las manos (lo que no da un sonido técnico), lo mejor es relajarlas y soltarlas sin tensionamiento, dice.

La caja de Mario Paternina es un ritual, tan sagrada, que jamás la coloca en el suelo. Cuando descansa en el intermedio de las piezas musicales, la coloca encima de sus piernas y cuando termina los compromisos la guarda en un estuche de lujo que también él mismo fabrica. Siempre se preocupa porque su caja tenga un buen pulimento y de una madera fina. Ahora en la búsqueda del perfeccionamiento de este instrumento, Paternina acaba de diseñar una caja más pequeña, pero que reúne los requisitos técnicos de las tradicionales y con el mismo sonido. Una caja tradicional mide unos treinta centímetros de alto; el diámetro de la parte de arriba mide unas 10 pulgadas y en la de abajo un diámetro de siete pulgadas que es por donde sale el sonido, para dar forma de vaso común y corriente. Pero Paternina descubrió en su investigación, que esta caja tradicional es incómoda para las piernas, las corvas, cuando se le aferra con fuerza, es por ello, que ha inventado la caja Sabanera del Milenio ( como la ha denominado), que ha diseñado en Corozal, cuya altura es más corta, tiene 18.5 centímetros de alto, el parche es el mismo de 10 pulgadas de diámetro superior y el orificio de abajo, es una imitación de la caja de resonancia de la guitarra (parece el orificio de la guitarra) con un diámetro de 4 pulgadas que es lo que hace que tenga el mismo sonido de la caja tradicional,; además esta caja es desarmable y se guarda en un estuche cuadrado que mide 33 x 33 x 14 centímetros que se asemeja a una maletita ejecutiva de viajeros.

Además de ser el más grande cajero del país, Paternina fue el primero en colocar una lámina o placa de rayos X a la caja. En el festival vallenato de 1974, Felipe, su hermano, fue a participar como acordeonero en la semi-profesional, en esa época la caja utilizaba cuero de chivo, venado o carnero. Tocando la caja el cuero no aguantó la interpretación de una puya, entonces ya con el cuero de la caja roto, como Paternina él mismo las fabrica, empezó a tratar de conseguir un cuero para su caja, con la sorpresa de que no había o no vendían cuero ya curtido para dicho parche. Es cuando se le ocurre poner en su caja un parche de plástico, de ese que utilizan para las mesas de comedor. Este, no sirvió. Siguió analizando y se da cuenta que la placa de radiografía además de ser fuerte, no se estira casi, es entonces cuando decide colocar el parche de su caja con las placas de rayos x, lo que funcionó a la perfección. Con la placa de rayos x sucedió un detalle. Estas tienen una película de acetato de plata que es lo que hace que la imagen que se toma , se vea. A Paternina se le ensuciaban las manos de este químico cuando sudaba, y además en la caja se observaban las costillas de una imagen radiológica tomada en este parche; busca la manera de quitarse ese problema y se da cuenta que es fácil lavar esta lamina con el brillo de limpiar platos, y así quedan preciosas, de ahí en adelante todas las cajas tienen el parche de las placas de rayos x. Con el tiempo en sus viajes a los Estados Unidos consigue un parche que viene ya predeterminado de fábrica con unos tamaños precisos, y así empieza a colocar a su caja parche de batería Nº 10,11 o 12., que se vende en Colombia.

Alcides Paternina Gamarra, su padre, era un acordeonero solitario, cuando no se hacía acompañara de caja y guacharaca. Tocaba ritmos clásicos de la burguesía, como foxtrox, mazurcas, vals, pasodobles, con gran destreza. En ese ambiente, los 4 varones de la familia se hicieron músicos desde niños. Mario toca desde los cinco años todos los instrumentos de percusión, incluso, hace algo de acordeón, y lee música con trompeta, pero su consagración ha sido la caja.

Si Mario fuera Felipe (se refiere a su hermano) que es con Alfredo Gutiérrez dos de los más grandes acordeoneros que tiene el país, hoy estuviera muy lejos, en los recónditos confines del Mundo. Es sencillo, en los conjuntos de acordeón el cajero es el medio campo, el que pone el ritmo con el guacharaquero, después de los dos delanteros ( el acordeonero y el cantante) que son los que hacen los goles, celebran y cobran bastante. Estos últimos son los que se llevan los aplausos y la plata. Por eso, cuando Rafael Orozco e Israel fueron a buscarlo a Corozal en un avión fletado para incorporarlo al conjunto del Binomio de Oro, se los dijo de frente. Que cobraba caro, porque no era cajero cualquiera, y además era profesional en otro ramo (Filosofo) y que debía ser tratado como tal. Rafa e Isra, que conocían de su fama, le explicaron el proyecto que tenían en mente y que para ello estaban armando una agrupación con los mejores del país. Era el año de 1978. Paternina llevaba varios años con Alfredo Gutiérrez, quien le pagaba en esa entonces 3.500 pesos por presentación , libre de todo gasto. En la conversación con el binomio para su contrato con ellos Paternina quiso participarles a lo del Binomio, que respetaba el contrato que tenía con Alfredo, pero, éstos, le ofrecieron una suma muy superior a la del Rebelde del acordeón. Mario Paternina, como siempre ha sido una persona muy formal y cordial, llamó a Alfredo para comentarle que el Binomio de Oro requería de sus servicios como cajero, y que le ofrecieron contratarlo por 9.500 pesos libre de todo gasto, y enseguida le hacían un préstamo de 100.000 pesos por anticipo de bailes. Alfredo Gutiérrez como siempre ha sido con Mario muy buen le dijo, “Tú eres marica, agarraselos, yo busco otro cajero, aunque me duele en el alma que te vayas, pero todo sea por tú bien”. Hasta la fecha Alfredo y mario conservan una gran amistad. Esa misma tarde, después de una larga conversa para convenerlo, se lo llevaron en un avión de ASES, para Barranquilla, al día siguiente su primera presentación fue en Venezuela.

Paternina vislumbró con el Binomio algo grande, toda una organización musical y así fue, con esa ilusión de crecer. Lo atraía ese estilo sabanero de este conjunto, pero con más rapidez e innovaciones y se fue con ellos. Sobre estilo vallenato y sabanero no cree mucho, más bien sabe que cada hombre marca un estilo, personal, que vale más que las denominadas escuelas.

Cuando se retiró del Binomio de Oro, poco antes que pasara la triste desaparición de Rabel Orozco, ya ganaba por presentación unos 250.000 pesos, una cifra que todavía algunos no han alcanzado, sin embargo se retiró porque considera que aún así, a los cajeros y guacharaqueros no se les da el trato que merecen. La mayoría son contratados verbalmente y el acuerdo se acaba en cualquier momento, cuando aparece otro y lo reemplaza. No obstante destaca que en el Binomio de Oro tienen servicio de salud y él todavía goza de ello, pero no es suficiente.
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